Los mil y un días que me ilusioné contigo.

Sabía una vez.. Mientras tomábamos el café como cada mañana, que eras tú el mundo al que pertenecía.

Recuerdo siempre como te encantaba ir al parque, no tenía que ser algo demasiado planificado, sólo te sentabas en aquel desgastado banco a observar la vida pasar, mientras yo veía mis días en tus ojos, que brillaban tan hermosos cuando me relatabas tus proyectos por cumplir, se volvió tan bonita costumbre coincidir.

Por eso decidí pedir tu mano allí, la tarde que llegaste emocionada por conseguir ese nuevo cargo en el trabajo, habías pasado semanas esperando esa llamada, pero yo no dudé ni un minuto en que lo lograrías. Así que para hacerte aún más feliz, saqué ese pequeño anillo que a penas pude costear pero que valió cada centavo, simbolizaba lo amado que me sentía a tu lado. Tus ojos se inundaron de lágrimas al colocar la pieza en tus manos, me abrazaste y no se necesitó más respuesta que esa.

A partir de ese instante nos siguieron un montón de aventuras, como cuando logramos obtener un crédito para comprar la casa de nuestros sueños, saliste al fin de tu pequeño departamento de soltera a un lugar digno de florecer juntos. Te ayudé a organizar la mudanza mientras colocabas todas tus pertenencias en grandes cajas, con lágrimas en los ojos al recordar cada etapa vivida llena de nostalgia, pero a la vez muy contenta por el nuevo comienzo.

La casa se fue llenando de objetos y de todos nuestros buenos momentos, aunque no todo fue felicidad.. Lo que trae a mi mente ese día en que llamaron del hospital a darte la terrible noticia del fallecimiento de tu madre, jamás te había visto llorar de una manera tan desconsolada, fue simplemente atroz, pude sentir tu dolor en cada lágrima, aún con el pasar de los años tus ojos se nublaban al recordarla..

Fueron tantas etapas las que compartimos, reímos, nos enojamos, charlamos, nos adentramos a nuevos retos y los superamos, seguimos adelante, dejamos nuestra esencia en todo rincón de nuestro hogar, juntos en cada paso de los días.

Una de las semanas que más recuerdo fue cuando llegué del trabajo con ese adorable perrito que te quedaste mirando días atrás en la tienda, se te iluminó la mirada al verlo, ya conocía cuando querías adentrarte en algo. Así que fui por el y lo envolví como pude con un lazo rojo demasiado cursi para mi gusto, pasaste toda la semana sin despegarte de el, o fue todo el mes?, hasta me sentí destronado de mi propia cama.

El perro fue creciendo y con el continuamos creciendo nosotros, ahora teníamos más compañía para ir al parque. Casi no noté el momento en el que dejaste de amarme..

Pudo haber sido la mañana en la que me despidieron del trabajo por un motivo no justificado, o la tarde en la que mi padre falleció de un infarto fulminante.. Aunque lo más acertado es que hayan sido los meses siguientes, en los que seguía sin conseguir trabajo y entré en lo que sería mi mayor etapa de depresión. Nunca fui tan fuerte como tu, solo lo suficientemente cobarde para ocultarme tras mis insultos y volver a ti lloriqueando todas las noches. El día en que te marchaste entendí que no podías seguir luchando por los dos.

Me tomó tiempo sobrellevar la situación, pero si algo mantuve claro fue que mi lugar era contigo, eso me hizo entrar en razón. Tomé todas esas ganas de luchar por ti y las utilicé como motor para salir de la cueva, algo sumamente difícil al principio, pero logré estabilizarme después de todo, conseguí un nuevo trabajo y enfrenté cada uno de mis lados oscuros, a penas pude salvarme no dudé en ir a buscarte.

Te envié muchas cartas a las que pocas veces respondiste cordialmente, entendía tu molestia y sabía que no me perdonarías tan fácilmente. Estaba ansioso por ir a verte, convencido dejé todo listo en casa para tu regreso.

Salí tan apurado que olvidé tomar café, esa mañana en la que llegando a tu puerta vi como otro te besaba la frente de manera incoherente y lo entendí.. Ya era muy tarde para recuperar lo que había perdido.

Fallando en mi intento de esconderme mientras el se iba, me miraste sorprendida y mi boca alcanzó a decir.. -Sólo pasaba por aquí.

Entonces me encuentro una vez más sentado en la cocina de nuestra casa.. Observando las cenizas de nuestro amor en cada parpadeo, escuchando el eco de tu voz en cada soplo del viento, recordando al perro que ahora no me fastidia en lo absoluto e imaginando cómo compartes el café con alguien más. Contando nuestra historia como sucedió, con más momentos felices que tristes.

Creí saber una vez.. Mientras tomábamos el café como cada mañana, que eras tú el mundo al que pertenecía.

Lo pensé mucho antes de que te fueras, pero mucho después de hacerme creer en esa teoría.




























Comentarios

  1. Me encanto, totalmente encantado con cada palabra.
    En definitiva uno de esos escritos que sientes como si lo que allí se narra te sucedio a ti.

    Te leo.

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