Que en paz descanse
Aquel día se supo la verdad, una que guardé por miedo a perderle y sin ninguna mala intención. Él no lo comprendió de ese modo, arremetió contra mi verbalmente y salió en busca de respuestas que jamás encontraría, podía notar el rencor resplandeciente en sus ojos. Intentaba calmarme al caminar por las calles, pero el impacto de sus palabras en mi pecho retumbaban como si de un proyectil se tratase, era un asesino que con su arma más eficaz disparaba dejando en mí heridas sin sangre. Recuerdo pedirle que parara, pero sencillamente ya no existía vuelta atrás. Yo lo había asesinado antes al ocultarle la verdad sobre sus padres, quería protegerlo y terminé tomando demasiado en serio un papel que no me correspondía. Recorrí la ciudad entera sin descanso pero no había rastro alguno de su presencia, la gente que frecuentaba no conocía de su paradero, como si se hubiese esfumado de la tierra en un simple suspiro. Al llegar a casa sin consuelo alguno me lamenté por todo, dediqué mi vida a...