El viento sopla donde quiere.
He estado callada últimamente. No por tener poco que decir, sino porque a veces las palabras son más pesadas que el silencio. He estado ausente, probablemente. Pero realmente estuve aquí, mirando de frente lo que evitaba, aprendiendo a habitarme y dejando reposar algunos sentimientos donde no dolían. Hay días en los que toda la oscuridad del mundo entra sin permiso en una habitación pequeña. No hace ruido, no avisa, simplemente se queda. Y una aprende a respirar allí dentro como puede. Algunos errores vuelven como preguntas mal formuladas, me miran a los ojos y quieren saber si ahora sé más, si ya entendí algo, si el tiempo sirvió para avanzar más que para resistir. Pero entiende, que avanzar no siempre es moverse. A veces es quedarse quieta hasta dejar de huir de una misma. Entender que la nostalgia puede acompañar sin dirigir el rumbo, que se puede agradecer lo vivido sin quedarse atrapado allí. Recordar no siempre es querer volver y soltar no es perde...